Ese artefacto llamado futuro...

Publicado en por Manuel Luis Rodríguez

El futuro es una manera de pensar y de construir el tiempo. 

Desde tiempos inmemoriales los seres humanos procuran escrutar el porvenir, a partir de aquellas inciertas señales que creen percibir en la naturaleza de su entorno.  Griegos, romanos, asirios, caldeos, mayas, aztecas, incas, chinos entre otros pueblos de la antiguedad, escudriñaron en el presente y hasta en el pasado para tratar de pronosticar qué les deparaba el futuro.

Solo a partir del desarrollo de la modernidad, como paradigma cultural de referencia,  los conocimientos científicos y la racionalidad moderna hicieron posible una exploración más sistemática del futuro o, para ser mas exactos, de los futuros posibles.  Así entonces en los recientes tres siglos hemos pasado de la adivinación al pronóstico, de la anticipación a la futurología, y ahora de la previsión a la prospectiva.

Luego pensar  sistemáticamente el futuro -como lo pretenden diversas ciencias- es una actitud típicamente moderna, en cuanto supone una ruptura  radical y completa con las creencias sobrenaturales, con las tradiciones subjetivas, con los dogmas religiosos y su cortejo de predestinaciones ineluctables conducentes a cielos e infiernos de todo tipo.

Si el futuro lo entendemos como "aquello que puede suceder a un determinado horizonte de tiempo, dependiendo de la voluntad humana", y de que se trata de una manera de construir el tiempo en su linealidad básica, entonces hemos de aceptar que el futuro es una construcción socio-cultural, un constructo material-virtual, en síntesis, un artefacto que podemos manejar -más o menos- en función de los intereses que nos mueven y las motivaciones que nos inspiran.

Ese artefacto llamado futuro

Si coincidimos en la condición de artefacto del futuro, entonces hemos de inferir que es el resultado de procesos, tendencias, contextos y condiciones que se crean en el presente y que, también, provienen y se prolongan desde distintos momentos del pasado.  Como constructo, el futuro es una máquina cultural del tiempo y de tiempo, que supone que el presente tiene líneas de conexión y ramificaciones hacia el porvenir, no obstante el carácter nebuloso e incierto de las anticipaciones y predicciones a las que hoy podemos acceder.

Y en cuanto máquina de tiempo, el futuro pone en la mente humana el virus irreductible de la proyección, la inquietud inevitable por construir y conocer trayectorias, cursos, posibilidades, escenarios y probabilidades.

La racionalidad prospectiva


El ser humano sin embargo, parece no soportar fácilmente el vértigo  insospechado del conocimiento del futuro, acostumbrados como estamos culturalmente de pensar en términos "binarios": pasado-presente.  Por otra parte, la mente humana ha sido construida culturalmente para que pensemos el corto plazo, el muy corto plazo, en la medida en que es lo único que parecemos poder controlar mas eficazmente, pero al mismo tiempo nos resistimos a pensar e imaginar el futuro o los futuros y escenarios del porvenir, a 10, 20, 30 ó 100 años hacia adelante.

En términos de la ciencia moderna, el futuro no es solamente producto de la imaginación, sino que puede ser también el resultado de procesos sistemáticos de exploración.

La racionalidad prospectiva parte desde tres grandes premisas epistemológicas, a saber:

1º el futuro no necesariamente es como el presente ni como el pasado;
2º el futuro no está predeterminado por el destino sino que está sometido a la voluntad humana; y
3º no hay un solo futuro, sino que siempre hay varios futuros posibles o plausibles.

El futuro es un artefacto cultural, ideológico.


Cabe destacar el carácter del futuro como artefacto ideológico, en la medida en que sirve como artilugio para intervenir en la reflexión del presente, introduciendo una perspectiva que rompe con las lecturas tradicionales y lineales del orden social y político y que permite abrir la reflexión individual y colectiva hacia escenarios y trayectorias no imaginadas o poco exploradas.

El futuro es un artefacto económico.

Pero a su vez, el fujturo es un artefacto económico, en la medida en que los actores económicos hacen uso intensivo de las proyecciones de consumo, de producción y de demanda, de los pronósticos de comportamiento de los actores socio-económicos y que el Estado estima y calcula presupuestos, ingresos e inversiones en función de determinados procedimientos de previsión futurista.


El futuro es un artefacto político y estratégico


El futuro como estructura más o menos racional de medición del tiempo, se convierte además en las sociedades y sistemas políticos modernos, en una herramienta de poder, en un artefacto político en manos de quienes ejercen el poder.  Los gobiernos y las fuerzas políticas implican el futuro en sus proyecciones, en sus proyectos, en eus categorías programáticas. 

En una sociedad hipermediatizada como la nuestra, el futuro -como posibilidad positiva- es la respuesta política a los diagnósticos negativos que todos hacen del presente; no solo se trata de degradar el valor del presente, sino sobre todo de alimentar las expectativas señalando que el futuro es siempre mejor y que en el futuro se resolverán los problemas que no se han resuelto en el presente. De ahí el valor efímero de la política como ejercicio actual, si no viene acompañada con un sentido prospectivo de lo que es posible hacer en un porvenir aun inalcanzable.

Para los ciudadanos comunes y corrientes, el pasado es la principal fuente de experiencias, el presente es la principal dimensión de realización de los problemas y las dificultades, y el futuro es el único horizonte donde se pueden hacer proyecciones y disponer alternartivas y cursos de acción.   En política, el pasado ya sucedió, el presente está sucediendo y el futuro es lo único que sucederá.



Manuel Luis Rodríguez.

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