La crisis de la democracia representativa se resuelve con más democracia participativa

Publicado en por Manuel Luis Rodríguez

Constituye un tópico reiterado de los análisis políticos actuales, la cuestión de la pérdida de legitimidad que experimentan los sistemas políticos, los partidos políticos y la clase política.  Asistimos en nuestras sociedades a múltiples manifestaciones de un fenómeno de fondo: el notorio deterioro de la calidad de la vida política y de la legitimidad del orden político, y la creciente insatisfacción ciudadana con el sistema político democrático.

En el caso de América Latina, la crisis de la política es la crisis del sistema democrático en su forma representativa, a causa de la mantención y profundización de las brechas sociales y económicas y de un deterioro de la capacidad de los Estados y de los sistemas políticos para dar respuesta a las demandas ciudadanas.

Las clases dominantes y en particular aquellos sectores que entregaron el poder a los militares en los años setenta y ochenta del siglo pasado, dieron forma a un tipo de Estado neoliberal y subsidiario en que los poderes políticos aparecen disminuidos y gibarizados por los enormes poderes económicos desplegados por el orden capitalista.  Las nuevas democracias que emergieron de las dictaduras militares de fines del siglo XX, recibieron Estados minúsculos y privados de poder y de capacidades institucionales para frenar y controlar las fuerzas omnipotentes del mercado y de las empresas.

Hoy las democracias representativas latinoamericanas fuertemente cuestionadas y agotadas por la corrupción, la ineficiencia y la lentitud de las burocracias y por el elitismo de las clases instaladas en el poder político tradicional, han encontrado nuevas salidas progresistas y populares, allí donde las oligarquías neoliberales han fracasado en dar respuestas a las aspiraciones ciudadanas, pero han debido avanzar hacia formas mas o menos eficaces de democracia participativa. 

En esta región del mundo la salida hacia la izquierda o hacia las mayorías populares y ciudadanas (como en Venezuela, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Ecuador, Nicaragua...) se ha hecho a partir de una transformación mas o menos acelerada de la antigua estructura política representativa (basada en el sufragio individual, las elecciones periódicas y el mandato representativo), a la cual se le ha incorporado un poderoso ingrediente participativo (convocatoria a asambleas constituyentes y elaboración de una nueva Constitución ratificada por el pueblo soberano).

El problema central de la reconstrucción de estas democracias no es mas o menos representación, toda vez que los representantes arriesgan convertirse en nuevos segmentos de las clases dominantes, olvidando al ciuidadano que las eligió.   Se trata por lo tanto de devolver el poder  político fundacional al pueblo soberano para que dirija la reformulación de una nueva democracia de los ciudadanos marcada por el uso intensivo de las herramientas políticas, sociales e institucionales de la participación, el pluralismo y la transparencia.   En definitiva, la radicalidad del cambio democrático aun pendiente hoy consiste en  pasar desde una democracia gobernada a una democracia gobernante.

La verdadera revolución política del siglo XXI es la rebelión de los ciudadanos que, hastiados de ser representados por representantes que terminan representando intereses corporativos y empresariales, derriban las instituciones de la representación para diseñar y construir el Estado y las instituciones de la participación.  

Manuel Luis Rodríguez U. 

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