La cuestión del sujeto histórico

Publicado en por Manuel Luis Rodríguez

prólogo

 

¿Quiénes constituyen -en los inicios del siglo XXI- el sujeto histórico susceptible de desplegar los cambios históricos capaces de transformar el sistema capitalista de dominación actualmente imperante?

Este ensayo tiene por objeto examinar esta problemática desde una óptica política y prospectiva, y como una contribución teórica a un debate intelectual y político de la mayor significación, en el contexto de la reconstitución de una izquierda plural y protagonista de los cambios sociales en el transcurso del siglo XXI.

Manuel Luis Rodríguez U.  -  Cientista Político.

Punta Arenas - Magallanes, junio de 2006.


la definición del sujeto histórico


La definición del sujeto histórico constituye una de las tareas intelectuales políticas mayores en la perspectiva del cambio social presente y futuro, en la medida en que permite identificar a aquellos sectores sociales que estarían llamados a impulsar y a protagonizar los cambios.  Esto implica que el sujeto histórico, como lo visualizamos es a la vez un constructor de la historia y un agente de transformación en la historia.


Por lo tanto, el concepto de sujeto histórico hace referencia a una articulación históricamente determinada y constitutiva de sujetos sociales, políticos y culturales específicos que, en función del estado actual y futuro previsible del desarrollo del sistema de dominación imperante, logra poner bajo su articulación y en función del proyecto histórico que da sentido a su propia articulación, tanto a los sujetos con intereses y proyectos contrapuestos, como a las corrientes y tendencias espontáneas que resultan de la compleja combinación de proyectos y visiones de sentidos diversos. El sujeto histórico no es por eso un ente homogéneo, sino que está compuesto por la rica y compleja diversidad que genera la vida social y política, pero que confluyen temporal y parcialmente en un proyecto, en una plataforma, en un punto de acuerdos.


Sus componentes por tanto, están condicionados por la dinámica de la propia realidad de la que forma parte cada actor y el sujeto histórico en su conjunto.


Por eso, teóricamente, la definición del sujeto histórico solo es posible en función del cambio social, es decir, del cambio de las estructuras de dominación.  En el contexto del actual estadio de desarrollo de la sociedad contemporánea, el sujeto historico se define y se moviliza social y políticamente, en función de su postura cultural, política e ideológica contraria al sistema capitalista de dominación y en cuanto actor protagonista del cambio social y portador de un proyecto de transformaciones que apunta hacia una nueva sociedad.


En síntesis, el sujeto histórico es aquel campo de fuerzas y de movimientos organizados que apuntan hacia el cambio social.


Hay por lo tanto, en la definición del sujeto histórico actual, tres dimensiones interrelacionadas entre sí, a saber:

a)  que se sitúa en el campo político-ideológico y social contrario y alternativo al sistema capitalista de dominación;

b) que es portador de un propósito estratégico de cambio social; y

c) que es portador de un proyecto de nueva sociedad.


Lo que caracteriza a los sectores sociales que constituyen hoy el sujeto histórico, es el hecho de que se encuentran en una posición subordinada, alienada y dependiente dentro de la estructura de dominación y dentro del sistema de producción capitalista.  las clases sociales, en las condiciones de la actual etapa de desarrollo capitalista globalizado, se han diversificado y complejizado, pero el vasto campo de los trabajadores (urbanos y rurales, empleados, técnicos,  obreros y profesionales) siguen constituyendo uno de los ejes articuladores del nuevo sujeto histórico.


Las nuevas contradicciones que caracterizan a la actual fase de evolución del capitalismo global, hacen más amplio y diverso el campo de los sectores sociales y culturales golpeados por la dominación capitalista.

Tres serían -desde esta perspectiva- los segmentos sociales y culturales susceptibles de constituirse en el nuevo sujeto histórico.

Proponemos definir esos actores como campos socio-culturales y políticos cuya articulación permite constituir al sujeto histórico a través del tiempo:


a)  el campo del trabajo, o de los productores-creadores de la riqueza material y económica;

b)  el campo de la intelectualidad, o de los creadores de la cultura, la ciencia y el arte; y

c)  el campo de las diversidades culturales, étnicas, territoriales y de género.


El campo de los trabajadores incluye la vasta diversidad de sectores socio-económicos caracterizados por el hecho de que son los principales creadores de riqueza y plusvalía para la clase poseedora.  El trabajo ha experimentado y continúa experimentando cambios estructurales de fondo que están modificando sustancialmente las condiciones de la producción material y de información, por lo que toda definición del nuevo sujeto histórico supone repensar el trabajo y sus resultados.


A su vez, el campo de la intelectualidad representa a ese amplio sector social  transversal constituido por quienes crean pensamiento, transmiten conocimientos, producen ideas, desarrollan crítica y crean cultura, en cuanto contra-cultura, pensamiento crítico, ideas anti-sistema y conocimientos que develan los mecanismos de alienación y dominación del sistema.  


Si entendemos la cultura como los procesos de producción y transmisión de sentidos que constituyen el universo simbólico de los individuos, los grupos sociales y la sociedad en su conjunto, entonces las izquierdas y el sujeto histórico que buscamos desarrollar, deben desplegar sus capacidades, creatividad e imaginación para configurar contraculturas y espacios culturales anti-sistema y alternativos al sistema que contribuyan a producir y transmitir sentidos y bienes simbólicos que apunten hacia la realización, desde las relaciones cotidianas y hasta las relaciones sociales, económicas y políticas estructuradas en torno a los valores de la libertad, la diversidad, la pluralidad, la justicia, la igualdad y la dignidad del ser humano.


Finalmente el campo de la diversidad, está constituido por ese vasto universo de organizaciones, redes y culturas urbanas y rurales que se sitúan en las fronteras del sistema de dominación, grupos y tendencias minoritarias excluidas, rechazadas y discriminadas a causa de su origen étnico, religioso, cultural o de sus opciones sexuales y de género.  El surgimiento de aspiraciones y demandas territoriales, provenientes de las especificidades regionales y locales, abre además una nueva arena de confrontación entre los ciudadanos  de regiones y comunas, frente a la centralización política, económica y administrativa del Estado capitalista dominante, generando así un campo de tensiones entre los ciudadanos y el Estado del sistema.


En síntesis el sujeto histórico es un vasto campo transversal de organizaciones, actores políticos y redes de pensamiento-información-acción que se definen por su oposición al sistema capitalista de dominación y por ser portadores de proyectos históricos de transformación de este esquema de dominación.


el nuevo sujeto histórico en acción


Lo que define al sujeto histórico es su proyecto y su vocación política.  No hay sujeto histórico sino en cuanto sujeto histórico en movimiento.  Las multitudes inteligentes también constituyen un elemento de acumulación de fuerzas en la medida en que ponen en cuestionamiento las formas excluyentes y clasistas de dominación y poseen la virtualidad de alterar visiblemente la normalidad de la dominación.


La construcción del sujeto histórico -tarea de largo plazo que se materializa en la realidad inmediata de la resistencia multiforme al sistema capitalista de dominación- es a la vez un proceso de acumulación de fuerzas y de acumulación de ideas-experiencias.  El sujeto histórico se construye en la gradualidad cotidiana de las luchas sociales y políticas insertas en la realidad regional, nacional, continental y mundial, pero al mismo tiempo, implica una construcción también progresiva de una cultura alternativa, caracterizada por la democracia, la horizontalidad de las alianzas, el pluralismo y el fortalecimiento enriquecedor de las identidades de pertenencia.


El proceso de construcción del nuevo sujeto histórico para el cambio social, que exige la realidad presente, requiere necesariamente de una lógica de las mayorías, de una estrategia de las multitudes inteligentes y de una táctica de unidad de objetivos y dispersión de recursos y medios, ya que en esa diversidad reside su novedad.  Se trata de un proceso tendiente a producir permanentemente la  inclusión de todos los consecuentes movimientos y colectivos anticapitalistas y anti-imperialistas, en cada momento o fase de desarrollo del movimiento.


También el nuevo sujeto histórico tiene que librarse de lo que en el pasado constituyó en un determinado contexto, el sujeto revolucionario (identificado como pueblo-sujeto, vanguardia-masas) o el vanguardismo-protagonismo natural del proletariado como punta de lanza excluyente del cambio.   En la construcción del nuevo sujeto histórico, la radicalidad no excluye la diversidad sino que la enriquece, la unidad no excluye el pluralismo, sino que la fortalece, por lo que las vanguardias y los liderazgos existen y se despliegan como resultado de la legitimación política y moral de las multitudes, las bases organizadas y los colectivos.


Lo que pone en movimiento al sujeto histórico es la organización y la generación de redes de vinculación que sumen cuantitativamente las demandas y aspiraciones grupales y sectoriales, dentro de un movimiento cualitativamente superior de demandas que apuntan a las estructuras del sistema de dominación.   En el reconocimiento de la diversidad, de la alteridad de cada sector con respecto a los demás, de la integración de las diversas visiones y reclamos sectoriales, hacia una plataforma común está el punto de partida y la trayectoria del movimiento hacia la liberación.


Pero la red en movimiento no es una sola manifestación, una sola multitud inteligente, una sola plataforma, sino que la dinámica del movimiento reside en la construcción sucesiva de distintas y cada vez más amplias plataformas -de contenido cada vez más estructural- susceptibles de apuntar a las bases económicas y políticas de sustentación del sistema capitalista, mientras se constituye además, un campo cultural e ideológico donde la cultura individualista, materialista, alienante y banalizada del sistema, es cuestionada por una mentalidad crítica con un profundo contenido humanista, ético y liberador.


La naturaleza liberadora del movimiento conducente hacia una nueva sociedad, pasa necesariamente por el despliegue de una profunda crítica intelectual, política, ideológica y cultural de las condiciones de dominación predominantes.  El papel político de la crítica reside en su capacidad  para develar la relación existente entre los problemas, realidades y demandas cotidianas y sectoriales en que se debate el sujeto histórico, con las condiciones estructurales de funcionamiento del conjunto del sistema de dominación.  Se trata de pasar ideológica y políticamente, desde la cotidianeidad a la institucionalidad, desde las condiciones de la realidad inmediata a las estructuras de dominación-alienación que posibilitan y justifican tal realidad.


La experiencia del movimiento liderado por el sujeto histórico y sus actores socio-políticos y culturales constitutivos, se manifiesta en la diversidad compleja de luchas contra el sistema capitalista y su forma imperial de dominación, se construye desde la base social, desde las organizaciones y sus problemáticas particulares, se teje en una red de intercambios experienciales, de aprendizajes sociales y de formación de liderazgos que se legitiman por su consecuencia y su alcance político, social y cultural.


referencias bibliográficas


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